Cuando KS Administración nos convocó, el objetivo era bastante concreto: entender cómo funcionaba la operación, relevar los procesos de cada cliente, ordenar la información y unificar una metodología de trabajo que permitiera mantener la calidad del servicio sin perder las particularidades de cada empresa.
Pero muy rápido entendimos que el desafío era otro.
KS trabaja con un equipo 100% freelance y on demand. Personas que viven en distintos lugares, manejan horarios diferentes y acompañan múltiples clientes al mismo tiempo. Un modelo con muchísima flexibilidad, pero que necesita una coordinación muy fuerte para que todo funcione de manera integrada.
Los procesos eran importantes, sí. Pero por sí solos no alcanzaban.
Había que generar una forma de trabajo que hiciera que todas esas personas se sintieran parte de un mismo equipo.
Durante los primeros meses nos dedicamos a entender cómo trabajaba cada uno, cuáles eran las necesidades de cada cliente y dónde aparecían los principales puntos de fricción. A partir de ahí empezamos a construir una dinámica distinta: reuniones de seguimiento, espacios para compartir avances, mayor visibilidad sobre el estado de cada proyecto y una coordinación constante entre las distintas personas que participaban de la operación.
Con el tiempo empezaron a aparecer cambios que no estaban escritos en ningún plan de trabajo.
Las personas comenzaron a conocerse más, entendieron mejor el impacto que tenía su trabajo dentro del equipo y empezó a surgir algo muy valioso: la confianza.
Confianza para levantar la mano cuando un proceso no estaba claro. Confianza para pedir ayuda antes de que un problema creciera. Confianza para proponer mejoras y compartir conocimiento con el resto.
Y, casi sin darnos cuenta, dejó de existir la sensación de que cada uno trabajaba por su cuenta.
Empezó a construirse un verdadero equipo.
Al mismo tiempo, los socios pudieron enfocarse cada vez más en el crecimiento del negocio. Ya no era necesario estar presentes en cada detalle operativo porque había una dinámica de seguimiento, coordinación y acompañamiento que mantenía conectada la estrategia con el día a día.
Eso también transformó nuestro rol.
Lo que había comenzado como un proyecto puntual para ordenar procesos fue evolucionando hasta convertirnos en una parte más de la operación. Hoy participamos de las reuniones, acompañamos al equipo en los desafíos cotidianos, ayudamos a priorizar, coordinamos iniciativas y seguimos buscando oportunidades para mejorar la forma de trabajar.
Lo que más valoramos de esta experiencia no es haber documentado procesos o implementado reuniones.
Es haber construido un espacio donde las personas saben que siempre hay alguien para acompañarlas, donde pedir ayuda es parte de la cultura y donde el trabajo colaborativo dejó de ser una intención para convertirse en una forma de trabajar.
Porque al final, los procesos organizan una empresa.
Pero son las personas las que hacen que esa empresa funcione.
Julieta Magan
Founder & Project Manager at POMO
Impulsando la cultura del trabajo flexible y la gestión de proyectos elástica a través de POMO.
